viernes 13 de noviembre de 2009

La balada del pelón y el diablo

El Pelón decía que soñaba con el Diablo.

Pero no sentía miedo y eso decía.

Y todos en la escuela nos divertíamos.

Pero nos asustaba

Pensar en soñar con el Diablo

Oyendo lo que el Pelón nos contaba.

La mamá del Pelón decía

Que el Pelón soñaba que el Diablo se lo llevaba.

Pero no era verdad

El Pelón decía que el Diablo en sueños lo visitaba

Y nomás su mano le extendía

Pero que con él se fuera no le pedía.

Y decía que sabía que el Diablo era

Por su cara color rojorojorojo

Y su olor asqueroso.

Ese color rojorojorojo

Rojo carmesí era.

Yo siempre fui un niño listo

Y conocía bien los colores.

La mamá del Pelón antes de dormir lo persignaba

Y el Pelón seguía soñando al Diablo.

La mamá del Pelón rezaba mientras el Pelón dormía

Y el Pelón seguía soñando al Diablo.

La mamá del Pelón lo llevó con el cura del pueblo

Para que con agua bendita lo rociara.

Y el cura del pueblo a la mamá del Pelón le cobró dinero.

Y el Pelón dejó de soñar con el Diablo.

La mamá del Pelón quería mucho al Pelón

Su papá también lo quería

Por que ya tenía tres hijas

En la casa del Pelón se comía

Lo que a Pelón se le antojaba.

El Pelón golpeaba a sus hermanas

Cuando ellas no hacían lo que él quería.

Pasó el tiempo

El Pelón creció y se hizo hombre.

Le gustaban las fiestas y los bailes.

Y las muchachas y los caballos y la cerveza.

Y machetear perros callejeros

Cuando con alguien se enojaba.

Ya no le gustaba que Pelón le dijéramos.

El Pelón se hizo grande y alto

Y nos pegaba si Pelón le llamábamos.

Gerardo era su nombre

Y Estrella su apellido.

Se enamoró de Mariela

Y se la robó una noche de fiesta.

Vivian en el monte

En una casa que el papá de Pelón tenía.

Y las vacas de su papa

El Pelón cuidaba por las mañanas.

El Pelón tomaba todos los días

Y le pegaba mucho a Mariela

Y ella nada decía.

Pero Mariela una noche

Dijo que se largaba.

Y Pelón la golpeó con más fuerza

Loco de rabia

Pelón sacó su machete.

Y al día siguiente

Con el olor a sudor y vómito

Y el color rojorojorojo

En la cara de Mariela

Reconoció el rostro

Que en sueños lo visitaba.

viernes 5 de junio de 2009

De la desgracia a la gracia

Hunde su remo el agua fuerte de mi dosis...

Tengo unos lentes de sol. Un amigo los fue armando, comprando en distintos tianguis las partes originales desde el armazón hasta las micas y las gomas del puente; y después me los vendió a un precio muy razonable. De esto hace mas de cuatro años y no lo he vuelto a ver. A través de los cristales de mis lentes, todo parece un atardecer aferrándose a un instante antes de que la ciudad sea barrida por el fuego de una explosión nuclear. Mi amigo era un albañil, con esposa y dos niñas. A las tres las amaba, pero el día que conocimos a dos chicas en la ciudad donde estábamos trabajando, las tres fueron negadas y olvidadas.

...bajo el horno del puente en el jardín de los caracoles descarriados...

Hace unos días platicaba con una amiga, es muy divertida y antes disfrutaba cada una de sus palabras, pero esta vez solo miraba como abría y cerraba la boca y yo inútilmente intentaba concentrarme en lo que decía. Tenia la vista fija en una marca de varicela que ella tiene entre sus cejas y supongo que parecía que la escuchaba atentamente mirándola a los ojos. En realidad pensaba en los pájaros muertos que encontré por el camino cuando venia a verla.

...en el cuenco de mi boca de pez lobo...

La indiferencia me muerde los pies, si todos cayeran muertos a mi alrededor no perdería un minuto en revisar sus bolsillos. La ciudad es una puta muerta pudriéndose al sol. Nosotros somos los gusanos, removiéndose unos sobre otros tratando de comer la mayor cantidad de carroña posible apurados por un instinto de supervivencia que ha sido degenerado.

...pasto debajo huele, poblado de estas tardes, al fuego del remolino.

Me puse mis lentes de sol cuando salimos del lugar en donde estábamos, caminamos juntos por un camellón. Ella seguía hablando, por último mencionó a tres amigas que desaparecieron después de una fiesta privada en una mansión de la zona residencial con altos funcionarios de la casa de moneda. Nadie sabia nada con certeza, pero el rumor de que habían sido asesinadas se esparció por que la madame que las regenteaba desapareció de la ciudad. Me detuve sin decir nada y me senté en el pasto. Ella me dijo adiós y no me fijé hacia dónde se fue. Yo me quedé sentado viendo pasar los autos junto a mi.


*Titulo y poema de Mario Santiago Papasquiaro

viernes 13 de febrero de 2009

Radio Morir

Dejaste cartas y nudos de nostalgia
Pienso en tu alma corriendo calle abajo.

Polvo en los ojos
Real de Catorce
Hace diez años conocí a Noemí, quien luego se haría llamar Naomi por no sé que oscuros caprichos. En realidad hace casi quince años que nos presentaron, así que hablo de conocerla en el sentido bíblico. Nuestra relación nació como nacieron muchas otras en mi vida: en una borrachera. Solo ella y yo quedamos de pie luego de una fiesta de preparatoria donde corrieron desde caguamas de cinco pesos hasta mezcalito de quince, desde gallitos rebajados con pasto hasta diazepanes molidos con coca-cola. Yo mantuve la verticalidad gracias a que solo tomé cerveza pues estaba en tratamiento medico curándome una infección en la nariz.

Noemí y yo tomábamos sentados en la sala de la casa escuchando un casette de Arturo Meza cuando comenzó a contarme que se había acostado con un amigo de su papá, en la casa y la cama de sus padres, al que le había dicho que ya tenia diecinueve años. Luego sacó la Polaroid de su mamá y comenzaron a tomarse fotos para deleite del viejo rabo verde. Después de que aquel buen hombre eyaculara hasta por los ojos, Noemí le soltó a bocajarro que apenas si acababa de cumplir diecisiete y el caballero, temeroso de Dios y el ministerio público, casi se caga en sus calzones Rimbros. El trato de Noemí, que ya comenzaba a dejar salir a Naomi de su escondite, fue simple: recibir cada mes quinientos pesos durante un año, un dineral en aquellos tiempos, o si no lo demandaría por violación y perversión de menores.

Yo estaba ardiendo por los detalles de la historia y en un arrebato de cursi desesperación le dije: te quiero hacer el amor. Noemí soltó tal carcajada que nomás me acuerdo y me vuelve a doler. No seas tonto, me dijo, tu no me quieres hacer el amor solo me quieres coger. Y tenía razón, como siempre la tuvo. Esa noche solo me la pasé llenando nuestros vasos hasta que ella se fue corriendo al baño vomitar y yo me desmayé a medio camino intentado seguirla. Y así, en cada fiesta que coincidíamos nuestro mutuo conocimiento no pasaba de ligeros fajes en la cocina o en la parada de los autobuses. Yo pensaba: si ya todos mis amigos (dicen) se la han cogido ¿por qué yo no?. Y día tras noche tras semana hacía mis intentos por que me invitara a entrar en la recamara de sus padres y sacara la cámara Polaroid del ropero de su mamá. Ah! ¿Cuántos ríos de semen no dejé correr por la coladera de la ducha evocando esa fantasía?

Hicimos el amor por error y digo por error por que yo, la verdad, nomás quería cogérmela y seguir con mi vida. Un sábado de mayo la acompañe a pasear a Ome, su enorme perro Rottweiler, a un presa en las afueras de la ciudad. Caminamos un buen rato platicando de nuestros amigos, de las reuniones en la plaza de armas de la ciudad y del rock nacional de aquellos años que tanto nos gustaba. Para descansar nos sentamos bajo una cuevita y amarramos a su perro a un eucalipto. Hacía mucho calor y apenas nos sentamos nos cubrió un silencio pesado que a mi me pareció eterno. Sacamos unos mangos que habíamos llevado y después de comerlos tomamos un poco de mezcal. Yo traía una bacha que apenas alcanzó para que le diéramos las tres de rigor. Tomé su mano izquierda y comencé a leer sus líneas. La línea de la vida era muy corta y la del corazón era sinuosa y desordenada. Tomé su mano derecha y en ella, la línea de la vida era más larga pero la del corazón era igual, todo eso me puso melancólico. ¿Qué dicen mis manos? me preguntó, que vas a ser muy feliz, le dije. Noemí apretó mi mano contra su pecho y nos dimos un largo beso. Nos desnudamos frente a la mirada inocente de su perro asesino sin dejar de besarnos y nos arriesgamos a que los boy scouts, que visitan regularmente la presa, nos descubrieran.

Al final quedé con las rodillas raspadas, espinas de huizache clavadas en la espalda y mi espíritu lleno de gozo. Comenzó a soplar un viento fresco mientras caminábamos a la carretera para regresar a casa. Yo llevaba a Ome de la correa mientras Noemí saltaba de una enorme piedra a otra cuesta abajo. Me senté junto a Ome a contemplarla y casí lloro cuando éste me lamió una mejilla.

Después vino lo peor: me enamoré de Noemí y tuve que morderme los puños cada que la veía irse con otros muchachos después de las cervezas del viernes al salir de la escuela. Sentía una enorme lástima por mi cuando por las noches la seguía sin que me viera y la veía entrar a callejones de donde nunca salía. Cuando no podía salir verla, me pasaba la noche escuchando Polvo en los ojos de Real de Catorce, pues una noche, parados en el puente sobre la estación de trenes, la cantamos y dijimos que ese sería nuestro himno.

Ahora que lo pienso, todo el disco de Mis Amigos Muertos serviría para musicalizar esa etapa de mi vida junto Noemí. Cada que escucho las ocho canciones, los versos de José Cruz me llevan nuevamente a mis primeros viajes en tren hacia el desierto, me llevan con los amigos a quienes les dije adiós mientras dormían, me llevan a tiempos más austeros y llenos de vida. José Cruz canta su poemas y yo aún puedo sentir la lengua húmeda de Noemí lamiéndome las manos y mi boca se llena con el recuerdo del sabor dulce sus labios.

Noemí me atormentaba y me hacía pedir a gritos sus besos a escondidas de mis amigos pues no quería que supieran que estaba loco por ella, por la mujer que era de todos y que a nadie debía pertenecer. Mi espalda se tensaba cuando su mano llena de anillos acariciaba mi rodilla bajo la mesa mientras uno de mis amigos le besaba el cuello. Pero también era el hombre más feliz cuando me pedía que la acompañara a su casa porque el olor de su sexo, llenando los oscuros andadores, me acompañaba días y noches enteras.

Tantos celos y dolor, hicieron que poco a poco mi amor por Noemí se marchitara y se fue borrando lo que aún quedaba en su línea de la vida. Fueron años muy difíciles para mi. Me distancie de los amigos a quienes una vez llamé mi hermanos. Toqué fondo y sin embargo, nunca le pedí que fuera mi novia, estúpidamente creía que en realidad Noemí no me merecía. Como si la castidad de una mujer fuera una buena razón para amarla con los ojos cerrados. Sentía que era mi deber protegerla, pero quería que fuera ella quien me lo pidiera. Dejé que el tiempo se la llevara de mi lado y Noemí se perdió entre la multitud buscando su reflejo en los aparadores.

Antes de encontrarla supe que se había enamorado de un músico que conoció en uno de los conciertos de Real de Catorce al que asistimos, por última vez, toda la pandilla de esa época. Su fue a vivir con su nuevo amante y junto a él desbordó todo el potencial de su sexualidad. Inventaron nuevos placeres y descubrieron caricias secretas que más valdría mantener bajo llave y arrojar al mar. Apostaron en el juego de los celos y perdieron hasta el alma. Finalmente cayeron de la cúspide de la montaña que levantaron con cada uno de sus orgasmos y Noemí murió en la cama con aquel músico devorados por un demonio que invocaron con sus cuerpos y que no supieron controlar.

Ahora, luego de encontrarme en muchos laberintos y de perder en lo que nunca he sido bueno, me encuentro en un cuarto de hotel. En la pantalla de televisión desfilan en silencio cuerpos de todos los colores bañados por litros de líquidos vitales, mi cuerpo se refleja en el frío de las paredes, mi mirada está fija en el letrero con las rutas de escape que cuelga de la puerta por donde entrará Naomi en cualquier momento y el cuarto entero se llena con el estruendo de los latidos de mi corazón.

martes 16 de diciembre de 2008

Música para mis oídos

"Rock and Roll el que hacíamos nosotros"
Enrique Guzmán, papá de la reina del Rock!
En esta vida hay muchas cosas que me cagan, una de ellas son las personas que dicen "odio la navidad" pero no dan una explicación convincente del porqué de su malestar por estas celebraciones. Personalmente me tienen sin cuidado estas fechas, no odio la navidad, ni los regalos, ni el arbolito, ni las falsas muestras de afecto, ni nada eso, nomas me son indiferentes y ya. No me dejo llevar por el consumismo a que nos orillan los mercaderes usando el nacimiento de Jesús como pretexto, ya deporsi mi lujuria por la vida y mi amor por la humanidad (que no se merece) es ilimitado y está vigente los 365 dias del año!
Hecho: Los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del "Natalis Solis Invicti" o "Nacimiento del Sol invicto". Asociada al nacimiento de Apolo. Otro festival romano, en honor a Saturno, duraba cerca de siete días e incluía el solsticio de invierno y culminaba el 25 de diciembre. Para hacer que los romanos se convirtieran al cristianismo sin abandonar sus festividades, el papa Julio I pidió en el año 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado en esa misma fecha. Aunque otros historiadores consideran que fue Constantino al que se le ocurrió primero.
Bart Simpson dice que en Navidad se celebra el nacimiento de Santa. Tantos anuncios comerciales me hacen pensar que tiene razón. Tal vez no sea tan importante conocer la fecha exacta del nacimiento de Jesús, lo que importa es entender El Mensaje y no quiero que esto suene a propaganda del Atalaya, me cae que no. Aun así, cuando Jesús decida regresar, que alguien tenga la precaución de anotar bien la fecha.
Así que, les cague o no la navidad, les haré un pequeño regalo navideño. Aquí les dejo un tracklist, para decirlo bien acá, con la siguiente información nutrimental:
Covers................................................23%
Música del 2008...............................30%
Rock Mexicano (ea!).........................23%
Indie (¿?)............................................30%
Southern Rock...................................15%
Garage-Grunge-Alternativo (¡¿?!)....50%
Palabrotas............................................3
El 171% del contenido del tracklist lo conforman las siguientes canciones:
1 - Keep on truckin'
2- Love bomb: Grinderman
3 - Solid gold: Eagles of Death Metal
4 - Have you seen her face?: SCOTS
5 - Modern guilt: Beck
6 - Ardiendo: Siconauta
7 - Shadowplay: Killers
8 - Una piba con la remera de greenpeace: Patricio Rey
9 - Esa: Nos Llamamos
10 - Allison: Pixies
11 - Have a cigar: Primus
12 - Jajaja: Fancy Free
13 - Mental: Eels
14 - Ladies n' gentleman: Presidents of USA
15 - Bohemiath
Aún está disponible la liga del primer acoplado que armé por si alguien se lo ha perdido. http://www.badongo.com/file/9284399

Pásenla chido...

lunes 22 de septiembre de 2008

Otoño

Despierta de golpe y abre los ojos. Es el hambre lo que hace que se levante de la cama. Busca en la cocina. En su parrilla eléctrica tuesta las dos rebanadas de pan resecas que aún quedan y calienta agua de la llave en su inseparable pocillo. Se prepara un café instantáneo directamente en el frasco con lo poco que aún le queda en el fondo y las paredes. Sin azúcar. El café que es bueno no la necesita y el que es malo no la merece. Sonríe, sin saber por que. Después lo comprende y sonríe nuevamente.

Prende la TV. Programas de variedades sin mucha diferencia entre uno y otro. Modelos buenísimas, comediantes burdos, patiños disfrazados de indígenas que dicen: sisiñor! Es todo tan patético. No hay nada peor que ser un fracasado, con plena conciencia de que no se es un fracasado o que por lo menos no siempre lo fue. Que se sabe diferente en su forma de actuar, de pensar, de hablar y que sin embargo convive entre la misma clase miserable que se deleita con la programación habitual. Por Dios que los mataría a todos, piensa con la mirada fija en la pantalla.

Cambia de canal. Programas esotéricos. La solución al alcance de su mano. Ofrecen la respuesta a todos los problemas sin mostrar ningún interés por la plata. Es solo su amor por la humanidad lo que los mueve a poner a nuestro servicio los poderes y el conocimiento que les han sido concedidos, ya sea por Dios Todopoderoso, por los dioses amazónicos o por dioses Tibetanos ¿Dioses Tibetanos? Malditos farsantes murmura y sonríe nuevamente.

Bebe lentamente su café en espera de que algún televidente llame a la línea síquica con un problema similar al de él y así ahorrarse la llamada y la vergüenza de ventilar en público su derrota. Alcanzar la salvación aprovechando el fuego amistoso. Maestro: soy un pobre diablo que piensa con la entrepierna, que se ha dejado seducir y llevar al abismo por una adolescente. Que ha perdido a su esposa, sus amigos y su trabajo por una niña que se fue sin despedirse. Y si la tuviera conmigo en este instante no sabría si matarla o llenarla de besos. ¡Ayúdeme maestro de maestros!.

Cierra los ojos. Las llamadas al maestro desfilan una tras otra, todas ellas hechas por mujeres, y son resueltos todos sus problemas. A todas los cita en su consultorio con sus familias para ayudarlos a solucionar con bien sus problemas y darles, sin costo, un poderoso amuleto hecho con siete metales, con siete tierras y con siete piedras preciosas. Continua atento escuchando las llamadas y descubre con horror que todas las llamadas han sido hechas por dos voces idénticas. Sonríe nuevamente y piensa si aún quedara algo de vodka.

Abre la alacena. Solo servilletas de la pizzería. Sal. Palillos de dientes. Papel arroz. Salsa inglesa. Media botella de aceite y un cuarto de vodka. Se tiende sobre el tapete de la sala y enciende el estéreo. ¿Cuánto tiempo pasara antes de que lo corten los servicios? No recuerda cuando fue la última vez que pago los recibos. Busca un disco. Repite una y otra vez California Waiting de Kings of Leon pues se identifica con el personaje que escucha una y otra vez Crimson and Clover y espera la oportunidad precisa para huir de ahí, mientras que se sienta derrotado en un cuarto de hotel acompañado de una adolescente a la que quiere dejar atrás pero no se atreve por que sabe que la ama y la necesita. Da un trago al vodka y sonríe nuevamente. ¿Qué clase de mexicano se empeda con vodka y rock? Uno muy malo, un traidor, un vil masiosare. Pero éste sentimiento que me está pudriendo es el mismo aquí y en casa de su puta madre, piensa y deja de sonreír.

Toma su teléfono y marca un número. ¿Naomi? pregunta él. ¿Cómo estás? responde Naomi. En realidad no se llama así, se llama Noemí, pero se vuelve loca cuando la llaman con su nombre falso. Medio pedo y bien caliente, responde él. Ya sabes la cuota, responde ella. Claro, dice él, tengo doscientos pesos listos para darles en la madre. Ella ríe y promete que llegará a su casa en veinte minutos con sus noventa y seis kilos de lujuria.

Él entra a su cuarto y busca la latita donde guarda monedas y billetes arrugados. Cuenta todo y encuentra doscientos treinta y cuatros pesos. Es todo lo que tiene y se lo dará todo a Naomi, tal vez la convenza de que se la chupe sin condón. Otro salto a ciegas, una mirada al precipicio, la caricia fría de la locura suicida. No hay nada más relajante que la derrota contundente piensa mientras se mete al baño. Se sienta en la taza y da un largo trago al vodka. Lo mezcla con su saliva y se escupe la verga. Se acaricia la punta hasta que se le entume por el ardor. Cierra los ojos y sonríe nuevamente. Tiene que sacarle provecho a sus doscientos treinta y cuatros pesos.

domingo 10 de agosto de 2008

Aconsejado por la Muerte*

Dijo que un asesino no perseguía a un asesino.
Qué cómo iba a perseguirlo.
Que eso era como si una serpiente se mordiera la cola.
Roberto Bolaño

Estábamos Raúl que yo apodaba “Mr Blonde” por su parecido a Michael Madsen y que se encargaba de contrabandear armas en pacas de ropa del Salvation Army - No creerías lo que se puede pasar para acá en una simple paca de ropa de segunda mano - También estaba Luis alias “Chapito” encargado de distribuir la materia prima y mantenerse en contacto con la gente de Guadalajara y Sonora. Estaba Gonzalo conocido como “Toro” que era tan alto como yo, pero cuya espalda media el doble que la mía, era deprimente para mí estar a su lado, y en aquel entonces "Toro" fungía como leal pistolero de Don Misael y finalmente estaba yo, que me apodaban “Sureño”, “Güacho” a mi espaldas, por el simple hecho de no haber nacido más arriba del Trópico de Cáncer. ¿Qué remedio? Además nuestras diferencias culturales eran por demás evidentes. Sin embargo yo era de confianza para Don Misael y nomás por eso tenían que tolerar mi presencia. Era como un extranjero en mi propia tierra. Mi trabajo en ese entonces era el tráfico de semilla desde Chihuahua hasta Los Mochis y viceversa. Dependiendo de mi estado de ánimo, y de los pitazos, hacía el recorrido de más de dieciocho horas en tren o por la infame terracería. Pero eso era lo de menos por que ambas cosas me gustaban y la paga cubría todos mis excesos. Decía que estábamos todos sentados en la mesa redonda de latón con Don Misael, sin embargo, a pesar de ser redonda, todos sabíamos que él estaba en el centro.

Peor se las cuento, dijo “Toro”, en Guaymas había un trailero que se las olía que su vieja lo engañaba y una tarde le dijo a su vieja que ya se iba y se fue, pero regresó como a las dos horas y encontró a su vieja con otro cabrón. Los agarró sinquechados y les puso la madriza de su vida y, así bichis, los amarró de la parte trasera del traile y los anduvo arrastrando por toda la cuadra. Todos reímos, pero la palabra traición apareció en mi mente como un letrero luminoso y el bocado de jaiba cayó como un plomo dentro de mi estómago. Fui el primero en recobrar la seriedad y para que no se notara le di un trago largo a mi cerveza hasta que la última espuma tocó mis labios.

Eso no es nada, dijo Luis entre dientes y rascándose la frente, su ademán de siempre. En Navomora pasó al revés, la vieja sabía que su vato le ponía los cuernos y aprovechó que él se fue a Obregón para juntar a sus comadres y juntas fueron a buscar a la huicora aquella, Martha se llamaba o se llama, para amanarla y entre todas la tupieron y para rematarla le metieron un puñado de chiltepines en la tataya. A la verga! La quemaron toda por dentro!...al final metieron al bote a la vieja que planeó todo.

Reímos poco, como que sabíamos de lo que era capaz un pequeño chiltepín y la imaginación nos dio para suponer lo que pudo hacer un puñado de, literalmente, ardientes chiles dentro de la vagina de aquella Martha y recordé a una Martha que quise mucho y la imagine apretando con ambas manos su entrepierna, llorando y dando gritos de dolor. ¿Y que le hicieron al trailero de Guaymas? Pregunté. Nada, ahí anda, dijo Gonzalo secamente.

Pero tan bonitas que son las viejas, dijo Don Misael y agregó: yo por eso tengo tres y todos reímos.

Sin embargo, a pesar de las anécdotas y las risas, sabíamos que se avecinaba algo culero y que bien podría ser nuestro ultimo día en este mundo. Todos teníamos la certeza de que era una farsa, pero los constantes ataques del gobierno a los cárteles habían hecho que muchos gallones se dispersaran en busca de plazas nuevas en pequeñas poblaciones y solo había dos opciones para ellos: aliados o muertos. Y ahí estábamos nosotros, que hasta entonces habíamos sido una asociación pequeña pero bien organizada y con muy buenas ganancias.

Estábamos en tregua para no llamar la atención de la prensa y de los soldados, Don Misael había decido negociar luego de muchas bajas en ambos bandos. Íbamos a rematar nuestra mercancía, recibiríamos 500 mil dólares por material que valía fácilmente el millón y medio. Y como última condición desapareceríamos del pueblo.

El plan de Don Misael era el siguiente: asistirían Mr Blonde y él a la reunión programada en el restaurante “El Camarada” con el material en una mochila para laptop. Luis y yo llegaríamos antes, estaríamos atentos a la señal convenida, una vez que ambas partes mostraran el contenido de sus paquetes, y durante la entrega emboscaríamos a los receptores. Suponiendo que los contrarios sí respetaran el código de honor y no llegaran con toda su tropa bien armada. Gonzalo estaría esperando a Don Misael con el carro encendido cerca de la entrada y Luis, Mr. Blonde y yo correríamos a nuestra troca y todos nos reuniríamos en el viejo panteón que está a un lado del Río Negro.

Una emboscada de dos integrantes era poco menos que un suicidio, pero Don Misael estaba dispuesto a todo, incluso a perder el honor ante nosotros y nuestros enemigos. Con el dinero y el material tendríamos recursos suficientes para abastecernos de armas y parque e incluso reclutaríamos nuevos integrantes, no faltan muertos de hambre sin ilusiones ni grandes aspiraciones con ganas de acción, y estaríamos listos para una nueva ofensiva, tal vez muchas, hasta que la muerte nos marcara el alto.

Esa decisión de Don Misael fue la que me hizo no dormir toda la noche anterior. Eso y el hecho de que en mi último recorrido por la Sierra vi salir de una cueva en lo alto de un cerro a un hombre desnudo y mi mente quedó en blanco, fue una revelación como dicen, porque entendí que ese era un hombre libre y cuando Don Misael nos contó su plan desee ser libre y, bueno, cada quien se procura su propia libertad como puede. Dicen que la cárcel perfecta es aquella en la que el prisionero no puede ver los muros, y en ese momento me di cuenta que tan altos eran los míos. Por otro lado, no me hacia feliz el hecho de que Don Misael se tomara la libertad de decidir el destino de nuestras vidas.

Ya te digo cuando Don Misael nos expuso el plan, mis compañeros no se permitieron la duda y casi en coro dijeron que sí y yo guarde silencio. Pero ya todos estaban acostumbrados a que siempre aceptaba algo guardando silencio, el que calla otorga dicen. Nunca pronuncie un si para nadie, ni para Don Misael, solo guardaba silencio y movía la cabeza afirmativamente, aceptaba tácitamente mis ordenes y las ejecutaba con precisión. Pero aquella vez, guardé silencio, no por que aceptara la propuesta, sino por miedo a que se me saliera un rotundo no y mi cabeza rodara en ese instante. Cualquiera: Raúl, Gonzalo o Luis hubieran estado felices de ser mis verdugos. Especialmente Luis, que fue el primero en caer. Podría decir que tenía que poner a la par el orgullo sureño con la necedad norteña.

Por otro lado, Don Misael siempre había sido una persona respetable para mí, hasta podría decir que lo quería y se lo demostré cumpliendo al pie de la letra sus ordenes y lo hice con tanta rabia como con miedo. Veras: la razón por lo que hice lo que hice fue por que no quería morir por una causa que no era mía y que consideraba perdida, pero que no aceptaba entenderlo, sin embargo el recuerdo del hombre saliendo de la caverna y la decisión que Don Misael nos había obligado a aceptar me hizo reflexionar sobre qué quería realmente y yo lo que quería era vivir y morir por mi propia causa. Quería abrirme paso por las mismas llamas del infierno por un simple acto de fe. ¿En quien? En mí por supuesto, porque Dios estaba totalmente fuera de mi ecuación. Y ese acto de fe, fue el que me hizo sostener con mano firme un arma y acabar con seis vidas en menos de una hora. Porque iba a ganarlo o perderlo todo, no había medias tintas, pensándolo bien iba por todo y a costa de lo que se me pusiera en frente. ¿Creerás que la ultima manera como le demostré a Don Misael que lo quería fue perdonándole la vida? Total, más temprano que tarde le llegaría su hora. Pero bueno, eso lo sabes mejor tú que yo.

Llegada la hora arribaron Don Misael y Mr Blonde al restaurante y de una mesa se levantaron seis tipos que había llegado pocos minutos antes. Dos de ellos se los llevaron al baño para verificar que no estuvieran armados y luego se sentaron en la mesa de manera que nuestros compañeros quedaron sentados casi frente a nosotros. A la señal de Don Misael, yo me levanté al baño y preparé las armas. Recuerdo muy bien que evité verme en el espejo por que no quería notar algún gesto de duda o miedo en mi rostro que me impidiera cumplir mi objetivo. Cuando salí ya Luis estaba esperándome y listo al cien. Me acerqué al grupo por la izquierda y Luis por la derecha y con envidiable puntería, a cinco metros de distancia, le reventé la cabeza a los dos primero tipos que me quedaron en frente, al mismo tiempo Luis le atinó a otro en la parte media de la espalda y a un cuarto le dio en el cuello casi a bocajarro. Don Misael, volcó la mesa para cubrirse e hizo que uno de ellos perdiera el equilibrio y cayera a mis pies para ya no levantarse, Mr. Blonde sometió al último y Luis lo remató mientras yo apuntaba a mi alrededor y le pasaba otra arma a Raúl para que vigilara la salida mientras Don Misael se llevaba la mochila y el maletín con el dinero. Ahora que lo recuerdo, aquellos seis murieron aferrados a las cachas de sus escuadras.

Luis y Raúl iban pegando gritos de gusto y mentando madres a quienes se atravesaban en el camino mientras nos dirigíamos al punto de reunión. Yo aproveché que iba en la cabina trasera para meter un nuevo cargador en mi arma mientras los Torbellinos de la Sierra cantaban a todo volúmen su versión de “Carga Ladeada”. Apuré a Luis para que llegáramos antes que Don Misael por que de otra manera tendría que aplicar el plan B y no existía tal plan. Quiso el destino que fuéramos los primeros en llegar al río y ahí los reduje. Por un momento había pensado en dejar con vida a Raúl, era el que me caía mejor, pero simplemente no cabía dentro de mis planes. Como te dije era todo o nada y ya en ese punto del plan era todo o todo.

Recargado en la caja fumé un par de cigarros esperando a que llegara Don Misael. Una vez más el destino intervino y se estacionaron atrás de nuestro mueble donde ya se había repetido el disco de Los Torbellinos. Me acerqué a Gonzalo y le disparé en la cara. No inténte nada Don Misa, le dije mientras abría la puerta. Las manos al frente y tranquilamente baje del carro y por favor deje la mochila y la feria donde están, dije y jalé hacia fuera el cuerpo de Gonzalo que cayó pesadamente en el pasto como lo que era: un toro muerto. ¿Qué crees que haces pendejo? me contestó Don Misael sin atreverse a moverse y con un gesto de miedo y coraje bastante grotesco dibujado en su rostro. En ese momento me pareció que envejecía cien años. Será mejor que se baje Don Misa, le repetí y para demostrarle que era en serio disparé y le hice un agujero al vidrio de su puerta. La otra va pa’usted, le dije y yo creo que si te dan a elegir entre vivir o morir ¿qué eliges?. No me respondas ahora y deja te sigo contando. Temblando, seguramente de rabia, Don Misael bajó lentamente del carro. Quince pasos pa’tras Don Misa, si me hace el favor, le dije. Te vas a morir perro malagradecido, güacho hijo de la mala puta que te parió, me dijo y me tiró una escupida que se quedó a medio camino. Todos vamos pa’lla Don Misa, le contesté, Todos.

Me alejé de ahí con el recuerdo de la figura triste de Don Misael con los brazos caídos esperando la lluvía que me agarró a medio camino. A veces pienso que tal vez si lo hubiera matado, su recuerdo no me pesaria tanto. Sin embargo me preocupaba mas pensar que cada uno de mis actos tendrías sus consecuencias. Aún así hice lo posible por llegar a este lugar ¿puedes creer que tarde tres semanas? Ahora me da risa pensar que pasé un retén militar a bordo de una vieja bicicleta, con cerca de dos millones de dólares sobre mi espalda y una escuadra fajada en la cintura. Dos millones. Y siempre estuve conciente que tarde o temprano vendría a cobrármelos y se me hizo costumbre llevar conmigo mi pistola y mirar sobre mis hombros mientras caminaba por las calles, pero pasó tanto tiempo que conserve la manía y olvidé de quien me cuidaba y finalmente guardé el arma en aquel cajón que está detrás de ti.

Ahora ves que hice un buen negocio por que moví inteligentemente el dinero y el material, no me podrás negar que has pasado un rato delicioso en este lugar y eso que no conociste a Zaira. Una chamaca preciosa y buenísima, pero estaba de paso. Decía que quería llegar hasta Cancún.
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Aquel hombre, el sureño, guardó silencio. Luego levantó la cabeza y miró el cielo raso con detenimiento como si las grietas en el techo fueran letras de un lenguaje olvidado que él pudiera descifrar. Respiró profundamente y dijo algo sobre el destino. No lo recuerdo bien, porque yo estaba concentrado en sus manos, que estaban aferradas con fuerza en el descansabrazos, como si tratara de evitar que, de un momento a otro, todo su cuerpo saliera disparado hacia arriba. Eso me puso alerta y además comenzaba a desesperarme, pues mi tren estaba a pocos minutos de salir. Respiró profundamente de nuevo y dejó salir con lentitud el aire de sus pulmones. Bajó la cabeza y me miró fijamente. Escuché de nuevo su voz, pero ya no era de él, porque parecía como si viniera de detrás de la pared a sus espaldas y dijo: bueno ¿qué esperas?.

Esas fueron sus ultimas palabras, le dispare tres veces en la cara y luego me fui de ahí.

*Titulo de una pieza de José Manuel Aguilera

miércoles 2 de julio de 2008

Instantáneas Personales

Unas fotitos en lo que se me ocurre algo que contarles...

En el pueblo vaquero de Durango, donde se filmó El Topo y varias joyas del western nacional y extranjero ¿como chingaos, no?.

Con mi carnalito cazando peligrosas (y borrosas) botellas de vidrio en la Sierra Mixteca.

Un pequeño cactus que me gustó y que floreaba muy a gusto en la Sierra de Mazatán en Sonora.

Crepúsculo no-arrebolado en un pueblo minero de Zacatecas.

Cancha de baloncesto post-apocaliptica en un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que ahorita extraño mucho.

El tren Chihuahua-Pacífico, rumbo a un nuevo proyecto. Llevaba siete horas de recorrido y aún me faltaban otras tres.

En las dunas de yeso de Cuatrociénegas, cuando hacia trabajo de campo para mi tesis en El Hundido, Coahuila.

En la puerta de la oficina esperando refuerzos.

Hasta Siempre Comandante!